
Una crítica de este libro resume su conclusión con la siguiente oración: “Ender, Katniss y ahora Darrow”. Otros hablan de la “poéticamente brutal” manera que Brown tiene de usar sus palabras. Son consideraciones muy comprometedoras, que un desconocedor de estos libros podría considerar fácilmente hiperbólicas, las exageraciones en internet de fans de un libro que a fin de cuentas no es más que una copia de “Los Juegos del Hambre”. Sin embargo, esas declaraciones tan atrevidas tienen todas la razón: “Amanecer Rojo” pelea, sin lugar a dudas, por el podio entre las mejores historias juveniles distópicas (y entre las historias juveniles en general, si consideramos sus elevadas secuelas).
La historia se centra en Darrow, un chico que trabaja en una mina en Marte, extrayendo el mineral necesario para hacer el planeta habitable para el resto de los colores. Darrow es un rojo, viviendo en una sociedad que, a lo largo del tiempo, asignó una jerarquía de castas de colores a las personas (14 en total) e introdujo modificaciones genéticas para hacer a las personas de cada color realmente mejores en las tareas que la sociedad los obliga a hacer. Al fondo de la jerarquía se hallan los rojos, quienes son bajitos y pequeños, puesto que su tarea es en las minas. Hay grises, que son agentes del orden; rosas, esclavos sexuales que se dedican solamente a dar placer a colores superiores; violetas, los artistas; blancos, los sacerdotes; azules, quienes operan las naves espaciales… y en la cima de la pirámide se encuentran los dorados. Los gobernantes, los dioses con aspecto de estatua y más inteligencia que cualquier otro color, la evolución máxima de la sociedad, supuestamente lo mejor que la humanidad tiene para ofrecer.
Luego de una tragedia que lo marca para siempre y descubrir que prácticamente toda su vida es una mentira, Darrow se embarca en una peligrosa misión a cargo de los Hijos de Ares, un grupo revolucionario que está en desacuerdo con el totalitarismo dorado y quiere destruir la pirámide de esclavitud presente en la sociedad. Darrow deberá dejar atrás todo lo que ama para infiltrarse entre los dorados y destruir el sistema por dentro en un juego bélico perturbador.
A primera vista, “Amanecer Rojo” suena como todas las distopías juveniles desde que “Los Juegos del Hambre” se coronó como el icónico bestseller que es: gobierno malvado, división arbitraria de la sociedad, líder revolucionario que quiere destruir esto. Y es verdad, la premisa es básicamente esa. Pero aquí es donde entra Pierce Brown, que desde el comienzo alardea de un estilo conciso pero no por eso simple. La primera línea del libro es “Habría vivido en paz, pero mis enemigos me trajeron la guerra”. Después de esto, nos metemos de lleno, a través de los ojos y oídos de Darrow, en este sombrío mundo de hipocresía y cinismo que brilla no por su originalidad - ya que ha sido hecho muchas veces - sino por la brillante prosa de Brown y el ritmo frenético que la novela toma una vez que atravesamos las algo tediosas primeras cincuenta páginas. Con una gran influencia de Grecia y Roma, Brown describe palacios, personas, batallas, duelos, con un majestuoso estilo medido a cuentagotas, que nunca desperdicia más palabras de las estrictamente necesarias.
También es necesario destacar la complejidad del mundo que crea Brown. Una vez más, no es lo original lo que se destaca, sino la manera en la que el autor lo escribe, el toque personal del talento de alguien que ama lo que hace, y que eleva a “Amanecer Rojo” por encima todas las copias poco inspiradas de la historia de Katniss.
Otro aspecto relacionado al manejo de Pierce Brown de la escritura reside en las caracterizaciones de los personajes. Este es un libro con muchas personas haciendo muchas cosas. Y, no obstante, ninguno de los personajes importantes (una decena, quizá más) se siente vacío. Todos tienen una personalidad bien definida que concuerda con su manera de hablar y actuar a lo largo de la historia. La rabia que carcome el corazón del propio Darrow, el ingenio de Mustang, el luminoso y brutal idealismo de Casio, la poética sensibilidad de Roque, la personalidad fría y calculadora del Chacal, y la actitud de “me importa una mierda” que Sevro muestra en todo momento y que lo convierte en uno de los personajes más entretenidos de leer.
El estilo de Brown es detallado, nunca blanco y negro, ni en sus personajes ni en los temas que plantea. Darrow tiene un odio ciego hacia los dorados, pues le mintieron, lo usaron y lo lastimaron durante toda su vida, pero una vez que se infiltra en su mundo, toma conciencia de que no todos son los monstruos sin cara que le arrebataron una vida en paz. Son humanos, personas que poco a poco se convierten en amigos. Es aquí cuando él se cuestiona: ¿a estas personas voy a tener que matar? La novela muestra un cuidado importante a los temas que trata, una detallada introspección y reflexión sobre la naturaleza de las enemistades y la guerra, y ofrece también críticas punzantes a la clase poderosa de la sociedad de hoy en día, y como son ellos los encargados de machacar algo tan preciado para todos como lo es la meritocracia.
Las únicas pegas de este libro se encuentran en el principio y en el final. El comienzo es simplemente muy lento; Darrow es un personaje pasivo, y no se genera la tensión necesaria para atrapar al lector de una. No obstante, las cosas mejoran cuando dejamos las minas de Lico. La otra pega la noté en esta relectura - leí el libro por primera vez hace poco menos de un año - y en realidad nace de algo bueno: lo sorprendentes que son los giros en la trama. La segunda mitad de la historia está plagada hasta la coronilla de revelaciones, una atrás de la otra, que combinada con la constante acción mantiene un ritmo más rápido y electrificante que un cohete. Una cosa que noté es lo bien planteados que están los giros: en mi primera lectura parecía como si salieran de la nada, pero en un segundo viaje por este mundo… todas las pistas, todas las piezas para atar cabos de todas las revelaciones que ocurren están allí, frente a todos, solo que hay que prestar mucha atención. Y esto nos lleva al problema que tengo con las cien páginas finales: dependen tanto de estos sorprendentes giros para maximizar la tensión y la explosividad de la historia que, al leerlo sabiendo de antemano qué pasa, quién es quién y cuáles son las revelaciones, pierde algo de la efectividad dramática.
A pesar de estos dos problemas, “Amanecer Rojo” es una historia sorprendentemente bien escrita, y aunque utiliza una fórmula conocida en el género distópico, lo hace con el propósito de contar muy bien una historia y poner en su lugar las piezas para romper por completo con la estructura “Juegos del Hambre” en su secuela. Esto, combinado con los personajes complejos, la construcción de mundos detallada y un estilo de escritura por encima del promedio, convierten a “Amanecer Rojo” en uno de los mejores debuts juveniles de la historia.
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